Crónicas desde un 35 de Jesús del Gran Poder

193,25

Posted on: enero 24, 2009

images Tal y como venía haciendo casi todos los días desde que nos instalamos en nuestro “nuevo” piso, bajé las escaleras y me paré junto a los buzones. Era habitual encontrarlos con una saturación especial de propaganda, pero en esa ocasión había más que nunca, rebosaba de tal forma que para abrirse paso era necesario sacar el machete. Tras esforzarme un poco, pude divisarlo. Sí, allí estaba, el 1º C. Me dispuse a recoger la correspondencia que la señora empleada de Correos nos había dejado, eso sí, no sin antes haberme hecho varios cortes en la mano por meterla entre la rendija del buzón, ya que, como la mayoría de los españoles, para qué iba a llevar la llave.

La primera carta la deseché rápido, era de una antigua inquilina, que además se apellida Macías… La segunda tampoco me interesaba mucho, estaba seguro de que yo no era el agraciado que se llevaría medio kilito de las antiguas pesetas por la cara. Aunque parezca mentira, estas estúpidas promociones aún consiguen engañar a la gente y, al menos, venderles alguna que otra plancha que hace su trabajo sin cable y sin tabla. Sin embargo, la tercera carta si que merecía mi atención. El logotipo de Endesa significaba una nueva reducción en la cuenta corriente de mis compañeros de piso, y en la mía propia. Lo que nunca me podía haber imaginado era que la reducción ascendiera a semejante cuota. ¡Nada más y nada menos que 193, 25 euros marcaba la dichosa carta por un solo mes de luz! Lo más extraño es que la mitad de ese periodo la habíamos pasado fuera celebrando la navidad con nuestras familias. ¿Quizá el casero se estuvo montando fiestas esos días sin que nosotros lo supiéramos? Aun así, hubiera necesitado potentes altavoces y la mejor luminotecnia para llegar a consumir esa elevada cantidad, y Don Fernando, mucho sabe de medicina y finanzas, pero poco de guateques. Rápidamente vino a mi cabeza la teoría de David, es decir, aquella que señala la existencia de un quinto habitante en la casa. Pero pensé yo, para qué querría el maldito personaje jodernos de tal manera si vive a nuestra costa sin pagar un céntimo de alquiler, comida, gas o luz. No podía ser él, el quinto habitante no haría eso.

Era mucho más probable que el contador de la luz se hubiera estropeado y ahora rodara a una velocidad supersónica. No lo dudé dos veces y me dirigí hasta el cuarto de contadores. Una vez allí, la cosa no estaba muy clara. Mucha ruletita, mucho numerito, pero nuestros nombres no aparecían por ningún lado. Tuve entonces que fijarme en todos, a ver si alguno era el Alonso de los contadores, pero nada de nada. Todos avanzaban tan rápido como los casos judiciales en España, por lo que salí de allí un poco desesperado. Precisamente la desesperación me llevo a cuestionarme algo que todavía no puedo creer: quizá fuéramos nosotros los causantes de tal subida en la factura; quizá alguno se dejó el horno o la estufa funcionando durante el tiempo que nadie habitó el piso. Pero no, es imposible. Descartado. O sí, puede que sí, ¿no? Lo que está claro es que si realmente algún aparato se quedó encendido, no fue culpa mía. ¿Cómo iba a ser yo si no vivo solo? Si algo se nos enseña desde pequeñitos es a echar la culpa a los demás. Eso de mirarse uno el ombligo es hasta incómodo de hacer, sobre todo cuando no hay pruebas que nos inculpen directamente, porque entonces la cosa cambia. Cuando los indicios sobre nuestro grado de implicación son claros, el discurso es bien diferente. Puede que incluso hasta nos parezca bien pagar esa cantidad de dinero. ¡Potencia la economía chicos, el dinero es lo de menos!, diríamos. Mejor eso que pedir disculpas, donde va a parar. Mi conclusión sobre toda esta maraña de letras no puede ser otra: si llega una carta con el logotipo de Endesa a vuestras manos, mejor no la abráis.

Antes de dar paso a la siguiente entrada en el blog, me gustaría dejar por aquí unas palabras de John Stuart Mill, con la intención de mostrar lo que significa poder expresarse a través de cualquier medio:

“Si toda la humanidad, menos una persona, fuera de la misma opinión, y esta persona fuera de opinión contraria, la humanidad sería tan injusta impidiendo que hablase como ella misma lo sería si teniendo poder suficiente impidiera que hablara la humanidad. Si fuera la opinión una posesión personal que sólo tuviera valor para su dueño; si el impedir su disfrute fuera simplemente un perjuicio particular, habría alguna diferencia entre que el perjuicio se infligiera a pocas o a muchas personas. Pero la peculiaridad del mal que consiste en impedir la expresión de una opinión es que se comete un robo a la raza humana; a la posteridad tanto como a la generación actual; a aquellos que disienten de esa opinión, más todavía a aquellos que participan de ella. Si la opinión es verdadera se les priva de la oportunidad de cambiar el error; y si es errónea, pierden lo que es un beneficio no menos importante: la más clara percepción y la impresión más viva de la verdad, producida por su colisión con el error”

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4 comentarios to "193,25"

x fin una nueva entrada en el blog… vaya factura no?? suerte!

desde el número 61 de santa ana… también barajamos la posibilidad de tener un casero marchoso. nuestra factura no tiene nada que envidar a la vuestra… asciende nada más y nada menos que a 188,38 euracos!! no disimuléis .. mal de muchos, no es consuelo d tontos!

p.d: antonio, a estas alturas confundimos publicidad con propaganda?? jajaja

besitos

p.d II: con los eventos de tuenti se soluciona casi todo, hágamos uno “complot a endesa”… jajaja

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