Crónicas desde un 35 de Jesús del Gran Poder

Sobre algunas cuestiones futuras

Posted on: febrero 13, 2009

Esta mañana, cuando me dirigía a comprar el periódico en mi tierra natal, tuve la suerte o la desgracia de toparme con un acontecimiento totalmente nuevo para mí. Se trataba de una manifestación frente a la puerta del Ayuntamiento de Atarfe, en pleno corazón de la localidad. Los allí presentes gritaban al unísono siempre el mismo lema: “¡Queremos trabajo!”. El acto me era novedoso por el hecho de que jamás había presenciado una protesta con semejante petición, y por supuesto, con ese grado de necesidad. Puedo reconocer que estar ahí, vivir el ambiente, conocer los problemas de primera mano, provoca una sensación interior que dista bastante de la percibida a través de los medios.

Los manifestantes exigían al consistorio municipal que hicieran efectivos los miles de millones que desde el Gobierno se han destinado a los Ayuntamientos para la creación de empleo. En este caso las peticiones de los parados no pueden tacharse de contener carga ideológica e intereses electorales, o lo que es lo mismo, de intentar criticar a un partido para beneficiar a otro. Se trata más bien de una exigencia universal, que va más allá de las disputas entre políticos. Es cierto que todavía puede ser pronto para pedir resultados a un plan realizado con tanta urgencia por el agravamiento de la crisis —donde además se ha demostrado una falta de previsión—, aunque es más cierto aún que los desempleados tienen todo el derecho a manifestarse por una causa tan obvia y fundamental como es la oportunidad a desarrollar un ejercicio laboral que reporte remuneración económica. Precisamente, en este punto en el que se mezclan derechos, necesidades y asuntos económicos, es donde más me gustaría detenerme. Los ciudadanos que reclamaban empleo, al igual que el resto de españoles, entre los que lógicamente me incluyo, son víctimas de una seria de actuaciones irregulares derivadas del libre mercado y avaladas por los grandes conglomerados económicos que forman la estructura real del poder.

Los problemas económicos en los que se encuentra sumergido medio planeta, parecen no tener la suficiente importancia como para que algunas empresas de carácter nacional e internacional practiquen medidas despreciables con el único objetivo de lucrarse un poco más si cabe. Aunque son varias las que podemos citar, vamos a ver como ejemplo a dos: Endesa y Telefónica. La primera ha despertado recientemente las críticas de medio país tras elevar, o mejor dicho, multiplicar la factura de la electricidad. Sus excusas han sido variadas, y todas con el preocupante respaldo del Gobierno, que era cien por cien conocedor de la subida, ya que había aprobado anteriormente la nueva normativa. Cualquier ciudadano que llame a Endesa para quejarse por el fuerte incremento será informado de que a partir de ahora tendrá que pagar meses con lectura de consumo estimada y meses con lectura de consumo real. Esta práctica no es novedosa, y ya se hace en otros sectores energéticos como el del gas, donde si por algún motivo no se puede leer el contador en el momento pertinente, se hace una lectura estimada. En el supuesto de que difiriera en exceso con el gasto real, tras comprobarse, se devuelve el dinero que se ha pagado de más. La diferencia entre ambas formas es que jamás se habían hecho estimaciones tan escandalosas como las del pasado mes, ni rechazado tantas reclamaciones por ello. Ante tal panorama no cabe otra que cuestionarse si es realmente lícito que una empresa privada estime lo que sus clientes van a consumir, y si éstos están desprotegidos antes tales prácticas. A esas cuestiones podríamos unir otra relativa a los beneficios que le reportará al Gobierno, si es que los obtuviera, claro.

En lo referido a Telefónica, el asunto es aún más grave. La empresa presidida por César Alierta, al igual que otras del mercado, se ha acostumbrado a inflar las facturas mensuales de sus clientes gracias a la inclusión de conceptos no acordados previamente, que si consiguen pasar desapercibidos y nadie los reclama, aumentarán los beneficios de la empresa. En este último mes he tenido conocimiento de 4 casos, todos con el mismo modus operandi. La jugada vas desde los ya clásicos 35 euros por un router que en un primer momento, justo en el que decidíamos si nos cambiábamos o no a Telefónica desde otra compañía, era gratuito, hasta los 20 por una asistencia técnica que nunca tuvo lugar. Ahora los consumidores deben estar al tanto de la cantidad que les cobran para comprobar si se producen irregularidades, como si ya fueran pocas las cosas que inundan sus cabezas. Aquí radica el éxito de este robo, en la normalización de lo que nos presentan como habitual. Son muchas las personas que se acostumbran a hacer estos pagos, porque ni siquiera se plantean el problema.

Pero, ¿se hacen eco los medios de comunicación de las acciones irregulares de Telefónica? La respuesta es no, excepto si el asunto ya fuera imposible de ocultar por sus grandes dimensiones. La razón es bien sencilla, y tiene que ver con dos realidades de la actual estructura informativa: la publicidad y la presencia accionarial en empresas mediáticas. En lo referente a la publicidad, Telefónica es una de las compañías que mas invierte. El gran desembolso económico que realiza para anunciar sus productos se convierte en un seguro protector anticríticas; privilegio sólo al alcance de los grandes, los que sostienen a los medios. En cuanto a su participación en otros grupos de comunicación —y digo otros porque Telefónica es un grupo mediático, dueño a medias de Admira o Digital + entre otros— puede afirmarse que es notable. El ejemplo más claro lo encontramos en su relación con Antena 3, cadena de la que posee acciones. Se hace difícil, por tanto, escuchar a Matías Prats informando sobre el elevado número de casos en los que los clientes de Telefónica se ven obligados a exigir una rectificación en el cobro de sus facturas de teléfono. En cambio, si son más habituales las noticias que informan sobre los logros de la compañía y su importante presencia a lo largo y ancho del planeta. Lo cierto es que no se equivocan, Telefónica se ha situado entre las 35 empresas más importantes del mundo, por delante incluso de la todopoderosa Mcdonald’s. Pero claro, ahora la duda está ahí, quizá su verdadero lugar estaría algunos puestos más abajo si no fuera gracias a esos importes de más que introduce en las facturas de sus varios millones de clientes.

Vemos de esta forma como los intereses de las grandes compañías, ya sean eléctricas, bancarias, telecomunicativas o de otro tipo, están directamente conectados con los medios de información. En esta conexión, evidentemente, los periodistas se ven afectados, pero, ¿significa esto que son esclavos de los intereses económicos que dominan la estructura comunicativa, y que por ello se ven incapaces de cubrir noticias que afectan de lleno a los ciudadanos? Mi opinión es que sí, al menos en un gran número de casos, y por ello son necesarias voces que aporten soluciones a un asunto que nos afecta directamente. Hay que recordar que la labor del periodista implica una responsabilidad social activa, acorde con los principios de la profesión, y a disposición de los ciudadanos, que son los verdaderos consumidores de información. Posiblemente, a ninguno de los parados que exigían un trabajo en Atarfe les importe cómo se encuentra la estructura de la información, sin embargo, si que se merecen la verdad de las cosas. No se puede aprovechar la evasión de la ciudadanía para ejercer un dominio puramente capitalista exento de moral lógica. Muy importante es, en conclusión, la función que los futuros profesionales de la información tienen en estos tiempos difíciles y, por ello, invito a todo aquel que lo desee a reflexionar, qué menos, sobre el devenir de las actuales circunstancias. Antonio Javier Martín Ávila

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3 comentarios to "Sobre algunas cuestiones futuras"

Chapeau Antonio! Tienes toda la razón aunque tu artículo contraste enormemente con el que yo escribí sobre los bancos en el que en cierta medida les quito parte de la culpa que tienen en esto de la crisis. Creo que tu artículo y el mio se complementarían bastante bien aunque tu vas más lejos al hablar de la compleja red de empresas y sus intereses entre ellas que son las que de verdad pueden llegar a gobernar un país en el que su presidente está supeditado en cierto modo a las exigencias de estas en muchos campos.

Genial artículo, Antonio. Tienes toda la razón del mundo, aunque aún hay sitio para la esperanza, a mi parecer. Si te das cuenta, los medios de comunicación por Internet aún están muy verdes y son poco lucrativos, pero cada vez se erige con más fuerza la opción del blog, que no es otra que la del artículo de opinión no supeditado a intereses económicos o empresariales. Nos estamos convirtiendo en los larristas del futuro.

Nos comentaba un profesor, no recuerdo cual, que cuando un periodista convencional encontraba una noticia que pudiese perjudicar los intereses de su propio medio, normalmente le pasaba dicha información a sus compañeros de otros medios en cierto modo enfrentados. Hoy tenemos esto.

Por un periodismo activista… somos el futuro. Buena estructura Antonio!

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