Crónicas desde un 35 de Jesús del Gran Poder

superNo sé si os habrá pasado alguna vez, que entrais en un supermercado y os perdeis. A mi me ocurre muy a menudo, y no es porque mi orientación espacial sea algo limitada, yo creo que más bien es por la falta de percepción que tienen los gestores de las grandes superficies de las necesidades reales de los consumidores.

Un ejemplo didáctico seria el mío, cuando me decidí por esta aventurilla de vivir en un piso, donde TODO lo tienes que hacer tú mismo. Un día necesitaba dos cosas muy simples y concretas: Philadelphia y un ambientador. Parece tarea fácil pero no. Me desplacé hasta el súper más cercano y nada más entrar, puedes darte cuenta de que el establecimiento tiene una curiosa distribución, muchos pasillos y muchos carteles indicando de todo menos dónde está la Philadelphia. Bueno como dice mi amigo Diego cuando no se sabe qué hacer lo mejor es ir por partes. Para ahorrarme tiempo y esfuerzo me decanté por preguntarle a una amable empleada que reponía mercancías:

– Perdone, ¿sería usted tan amable de indicarme dónde puedo encontrar Philadelphia?
– Sí, por allí. (Señalando con su dedo índice 2 o 3 pasillos a la vez…).

¡Ah qué preciso, me lo acabas de solucionar todo, gracias eh! Buahh, vuelvo a intentar hacer la cosas bien, osea por partes. Buscando y buscando, y después de un montón de tiempo vagando por los pasillos que parecían no acabar nunca la encontré. ¡Allí estaba! (lo curioso es que el pasillo me sonaba un montón…), junto a la leche desnatada y el queso. Pero no lo entiendo ¿por qué allí?; ¿no sería más oportuno que se colocara junto al pan? Que yo sepa la gente no unta la Philadelphia en lonchas de queso… en fin. Philadelphia en mano, fui en busca del ambientador y tras otro montón de tiempo buscando, lo encontré. Apenas había variedades: sol de verano, Eucalipto globulus, perfume polar ártico, lavanda spica, lavanda vera, Limón tea, ylang-ylang, aroma de un bosque por la mañana temprano…jo ¿no existe uno con aroma “normal”? o más fácil todavía, ¿no existe uno con aroma “karim, llévate este”? Ufff que lío, al final entre tanta duda me llevé uno al azar (por cierto el aroma resultó penoso…), y después, la cola en la caja, ufff más lenta que la vuelta ciclista a españa en una Cyclostatic…

Así que desde aquí me gustaría instar a los gestores de las grandes superficies que intenten preocuparse más por la comodidad del consumidor. Una propuesta sería: ordenar todos los productos por orden alfabético, o mejor aún, al estilo “Venta”, me explico. En la entrada del súper se coloca un enorme mostrador con un montón de dependientas, llegas tú y: Buenos días, estoy buscando tal cosa…, sí espero… gracias.

hombre-invisibleY resulta que hoy ha vuelto a pasar… ¿Quién es? nadie lo sabe… desconocemos sus caracterízticas, su físico e incluso de donde proviene, pero sabemos algo: él está entre nosotros.

Recuerdo allá por el mes de julio que Karim, Diego, Antonio y un servidor buscábamos desesperadamente un piso donde habitar en este curso, las ofertas destacaban por su ausencia, hasta que Lety nos dio la noticia de que dejaban su morada. La información vino como agua de mayo, y pronto localizamos al casero para mostrar nuestro interés. Tras varios “tiras y aflojas” conseguimos firmar el dichoso contrato, el cual destacaba “por su módico precio” unos 1.000 euritos al mes;  ¡bien!.

Estampamos nuestras firmas sin leer siquiera la dichosa letra pequeña. El primer mes de convivencia fue sobre ruedas, entusiasmados con la idea de compartir el cuarto de baño con tu colega, los días fueron pasando entre bromas y risas. Hasta que llegó ¡ese máldito cabrón!.

Tengo grabado en mi mente aquel momento, me desperté una gélida mañana de noviembre, todo parecía en orden hasta que entré en el salón, allí la luz estaba encendida, y lo curioso es que nadie se encontraba en el lugar, -un despiste- pensé. Le comenté lo sucedido a mis compañeros -los cuales negaron haberse olvidado- y entre nuevos chistes fuimos paseando lentamente por el pasillo hasta desembocar en la cocina. En ese preciso instante un escalofrío recorrió nuestros cuerpos. El fregadero estaba lleno de sartenes, platos y vasos ¿Cómo era posible si cada uno afirmaba haber fregado sus utensilios?

Desde entonces la situación es insostenible, si Diego confiesa haber limpiado el suelo del pasillo, inexplicablemente aparece sucio, la estufa de Antonio siempre desprende calor a pesar de que el chaval ya no la usa. Karim está cansado de encontrarse siempre su cama deshecha; y en cuanto a mí, no sé que hacer para que el jodido amigo invisible que habita sin pagar el alquiler deje de quitar la ropa de las perchas para depositarla arrugada en la silla.

Pues una cosas esta clara: ¡nosotros no hemos sido!. ¿Quién cojones dijo que donde caben cuatro caben cinco?

Fdo: David de la Cruz

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